lunes, 23 de julio de 2007

Prólogo

La luna brillaba pálidamente en el inmenso cielo salpicado de estrellas. Su brillo parecía una cara sin vida que observaba lo que sucedía en el mundo aquella noche.
El sol se había ocultado un par de horas antes y dos viajeros dejaban atrás una serie de árboles y una vegetación espesa procedente de un bosque. Ambos iban montados en queras, bestias de carga de color gris que pisoteaban el pasto que acababa de aparecer debajo. Se dirigían hacia un camino formado por un río que se adentraba entre dos filas de montañas lejanas.
-Al parecer estamos cerca- dijo uno de ellos, tenia cabellera corta negra y ojos vivaces. Vestía ropas de color verde y blanco.
-Debemos estar a un día o menos -señaló el otro con expresión de cansancio en su rostro blanco que llevaba una perfecta combinación con su cabellera rubia. Vestía las mismas ropas que su compañero.
Las fuertes pisadas de las queras rompían el silencio de aquellos parajes desiertos poblados solo por unas cuantas especies vegetales y una pequeña variedad de insectos que, en busca de la supervivencia, habían dejado el peligroso bosque para mudarse a aquellas tierras verdes regadas por el río.
De pronto, un pequeño viento comenzó a soplar en dirección opuesta a la trayectoria de los queras y sus jinetes.
-El viento trae olor a humedad -dijo el rubio examinando olfativamente el ambiente-. Parece que se acerca una lluvia o tormenta.
-Tienes razón -dijo el otro a modo de respuesta-. Será mejor que nos apresuremos en llegar a las montañas, ahí podremos refugiarnos. Ten cuidado en sujetar bien aquello, no vaya a escaparse por la fuerza del viento.
-No te preocupes -respondió el rubio-. Esta a salvo. No olvides que es el motivo de tan largo viaje.
El de cabellera negra asintió con la mirada e incitó a su quera a aumentar la velocidad mientras esta corría junto al río y se acercaba más a las montañas.
La cabellera de los viajeros se movía estrepitosamente con el viento mientras veían acercarse más y más aquellas moles oscuras hacia ellos.
Tras varios minutos de viaje se internaron en el valle formado por aquellas dos cadenas de montañas y en cuyo centro corría el río. El jinete de cabello negro sintió una gota caerle en el rostro.
-Va a empezar -dijo mirando a su compañero-. Escóndelo bien, tendremos que detenernos y buscar un refugio entre las rocas para no empaparnos.
El rubio miró hacia delante y vio en el fondo unas enormes nubes negras que se acercaban lentamente tapando las estrellas.
-Parece que va a ser fuerte -dijo.
Las queras se detuvieron y ambos bajaron desmontando sus bultos de la parte trasera de las bestias. El rubio aseguró bien un objeto cilíndrico muy parecido a un porta-planos pequeño a su cinturón.
-Me pregunto que tan importante es -dijo en voz alta-. Tal como se nos encomendó se lo entregamos a aquella anciana en esa aldea del desierto y luego de pensar por mucho rato nos envió acá diciendo que busquemos aquel apellido… ¿Qué cosa tan importante será esto? ¿Por qué venir hasta este reino?
-Son asuntos que no nos competen, Nafer -contestó el de cabello negro-. El rey dijo bien en claro que era un asunto ultra secreto y debería llegar sellado a esa anciana. Pero ella nos envió hasta acá diciendo que la persona que debía recibirlo estaba en este reino.
-La verdad estoy muy confundido Vordoner -dijo Nafer, el rubio-. Ocupémonos de buscar un refugio, vamos.
-Está bien -respondió Vordoner mientras señalaba hacia delante-. Ve a buscar un lugar mientras yo arreglo nuestros bultos, dame los tuyos.
El rubio entregó sus pertenencias y se dispuso a ir en busca de un refugio mientras el cielo se iluminaba por la luz de un relámpago seguido del sonido de un trueno. Las nubes estaban más cerca.
Vordoner ordenaba los bultos pero se preguntaba qué tan importante era lo que estaba guardado en ese porta-planos. De pronto le pareció escuchar un pequeño gemido. Volteó y no vio nada. Pensando que lo había imaginado giró y siguió con lo suyo. Entonces lo escuchó de nuevo. Volteó inmediatamente pero no había nada. Miró extrañado a las montañas pero todo estaba muy oscuro. Entonces escuchó un grito de dolor nítidamente.
-¡Ahhhh! ¡Vordoner! -era la voz de Nafer.
-¡¿Nafer?! -exclamó Vordoner- ¿Qué sucede? ¡¿Dónde estás?! ¡Nafer!
Vordoner se adelantó corriendo hacia donde escuchaba la voz de Nafer, pero lo que sucedió en ese momento lo dejó helado.
De un orificio en las depresiones de la montaña salió corriendo Nafer. La mitad de su cuerpo estaba rodeado por fuego.
-¡¡Nafer!! -gritó horrorizado Vordoner al ver a su amigo bajando con su cuerpo envuelto en llamas y corrió a su encuentro. Entonces con terror vio que de aquella especie de cueva salía un grupo de seres oscuros como sombras. Uno de ellos levanto el brazo y de la punta de sus dedos brotó una bola de fuego que fue directamente hacia Nafer. El viajero recibió el impacto de lleno en la espalda y gritó de manera horrible.
Vordoner se detuvo temblando, no sabía si ir por Nafer o retroceder al ver que aquellas sombras bajaban hacia él.
-¡¡Huye!! -gritó Nafer a su amigo y en un último esfuerzo desató el porta-planos de su cinturón y se lo lanzó a Vordoner.
El objeto cayó a los pies del asustado jinete, se estaba empezando a quemar. Las sombras se acercaban cada vez más y una voz terrible se elevó.
-Lo tiene el otro. A él -fueron las palabras.
-¡Vordoner! ¡Huye! ¡Me….aaaaaaagggg….me lo quisieron quitar!!! -gritó con dolor Nafer-¡¡Llévatelo!!
De pronto, uno de los seres oscuros levantó el brazo y disparó aquella llama contra Nafer, que recibió el impacto en la cabeza y cayó al piso.
-¡¡¡¡¡¡¡Noooooooooo!!!!!!! -gritó Vordoner.
Nafer cayó al suelo y no se volvió a mover. Su cuerpo era consumido por el fuego. Las sombras se acercaban.
Vordoner tomó el porta-planos que empezaba a arder y lo destapó poniendo a salvo del fuego un pedazo de pergamino enrollado.
-Él lo tiene -dijo la voz terrible y maldita.
Vordoner supo entonces lo que tenía que hacer. Desesperado dio media vuelta y empezó a correr hacia su quera. Las sombras lo seguían. La lluvia empezó a caer junto a los truenos y relámpagos.
-No se detengan -dijo la siniestra voz.
Vordoner estaba por llegar al animal cuando algo le dio en al espalda y lo hizo caer de rodillas. Sentía un ardor tremendo y con gran sacrificio se sacó la prenda que empezaba a consumirse, sin embargo su cuerpo era bañado en sangre. Se paró y siguió corriendo hacia la quera. La lluvia caía estrepitosamente. Las sombras alzaron los brazos.
Con el torso desnudo, Vordoner montó, y la quera empezó a moverse.
-¡No pueden dejar que escape! -amenazó la voz terrible, más horrenda que nunca.
El viajero, a pesar del dolor insoportable, animó a su animal y embistió a un par de los seres oscuros.
-¡NO! -gritó la voz.
El dolor era horrendo y Vordoner sangraba pero seguía cabalgando, sin embargo, dos bolas de fuego impactaron en la cola de la quera haciéndola vacilar. Las queras tenían una piel muy dura.
-¡Malditos! -gritó Vordoner y acarició la cabeza de su animal y se alejó del grupo de sombras.
Las gruesas gotas caían sobre su pecho y espalda herida. Sangraba. Miró hacia atrás y vio que las sombras se perdían; aun así siguió animando a la quera más durante varios minutos. El animal vacilaba.
La lluvia seguía cayendo. Los truenos retumbaban en aquel valle y Vordoner detuvo a su fiel bestia cerca del río al sentirse seguro que las sombras estaban muy lejos. Con dolor tomó el pergamino y lo abrió con cuidado para no mancharlo con sangre, entonces lo leyó detenidamente.
-No es posible -pensó desesperado-, no es posible…tengo que llegar… tengo que llegar… a Lama…

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