lunes, 23 de julio de 2007

Capítulo 1: Pelea en el Bar

Un nuevo día empezaba en Lama Capital, la ciudad principal del reino que llevaba el mismo nombre: Lama.
En esos territorios sureños del continente de Abonner finalizaba la primavera para dar inicio al verano, y con este acontecimiento daba inicio en Lama Capital el Festival Anual de la Ciudad, una semana en la que la capital se llenaba de fiestas, alegría y atracciones para festejar el inicio de la estación más calurosa del año.
Las calles de Lama se poblaban de vendedores, puestos y gente de otras provincias del reino que llegaban a relajarse y disfrutar.
El simple diseño de las viviendas del reino, casas blancas con techos de madera, se veía contrastado con las hileras de colores colgadas en los faros y la vistosidad de los puestos que volvían loco a cualquier transeúnte con sus precios de remate.
Durante esa semana todas las escuelas y centros de estudios interrumpían sus clases para poder disfrutar también del festival, lo que les daba un merecido descanso a muchos jóvenes ansiosos por divertirse y pasarla bien.
Uno de los tantos jóvenes que tomaba esa semana de descanso era Damnert Beolden o Dam como lo llamaban sus conocidos. Era un muchacho común y corriente aunque algo tímido, de ojos azules y cabellera rubia corta, tenía diecisiete años y estaba en la preparatoria, sin embargo, a diferencia de muchos de sus compañeros, su primer día de vacaciones no había sido precisamente un “descanso total”.
Su padre, Roden Beolden, tenía una de las herrerías mas renombradas de la ciudad y lo había puesto a ordenar unas cuantas armas que debían ser entregadas a la Guardia Real de Lama, los caballeros encargados del orden en el reino.
Cansado de trabajar, Dam ayudó a su padre a cerrar el negocio al caer la noche.
-Ya puedes ir a relajarte muchacho -dijo Roden a su hijo-. Suficiente por hoy.
-Sí, suficiente -contestó Dam con un resoplido. Roden se metió a la casa y Dam quedó en la calle mirando a la gente pasar y acercarse a comprar algo a los comerciantes que estaban en las veredas.
El cielo lucía estrellado y la luna brillaba en lo alto sobre la inquieta ciudad que destellaba luces por doquier.
Dam miró a ambos lados de la calle buscando entre la gente hasta que vio acercarse a un muchacho moreno y regordete, era Zimra, su mejor amigo.
-Vaya que empieza bien el festival -dijo el recién llegado-, fui a las afueras de la ciudad y vi que los caminos están congestionados, miles de personas vienen montados en todo tipo de bestias de carga.
-Este año parece que será mejor que otros -dijo Dam dándole la mano a su amigo-. Dice mi padre que los guardias han reforzado las medidas de seguridad.
-Así es -respondió Zimra mirando a los lados-, es por los calbens. Se les vio rondando la ciudad hace días, puede que planeen algo.
Los calbens eran un gran grupo de jóvenes pandilleros que tenían fama de cometer muchas fechorías en la ciudad.
-Vamos a dar unas vueltas por ahí -dijo Dam.
Ambos se pusieron a pasear por todos los puestos que habían sido levantados para esa ocasión.
-La verdad es que luego del festival Lama va a volver a ser la misma ciudad de siempre, una ciudad muy tranquila para ser capital de un reino -comentó Zimra. El siempre era muy relajado y, según Dam, algo alocado-. Vamos, Dam ¿nunca has tenido ganas de divertirte con cosas fuera de lo común?
-¿Divertirme? -preguntó Dam sonriendo- Acá la paso bien, a menos que te refieras a otra clase de diversión, Zim…
Zimra miró al cielo con cara risueña.
-Verás -dijo-, hace poco vino mi primo Bilan a visitarme. Estuvo de viaje y me contó que conoció el reino de Yule. Me dijo que era increíblemente divertido, como una ciudad que no duerme. Dam, ¿te imaginas si un día vamos a Yule? Bilan dice que hay chicas muy simpáticas y lugares nocturnos donde uno se divierte a morir.
Dam se quedó pensativo, imaginó la vida en Yule, le pareció bien para hacer un poco de turismo.
-No es mala idea -dijo mientras salían de una calle angosta repleta de gente y entraban a una plaza-. Pero vivir allá no. Prefiero quedarme en Lama, con mis padres, les debo mucho.
La plaza tenía una estatua en el centro con la figura de un caballero con armadura. Dam y Zimra se sentaron al lado de ella, aquella noche la plaza estaba muy colorida.
-Vamos, vamos -dijo Zimra riéndose y palmoteando la espalda de su amigo-, no te estoy diciendo que nos quedemos, yo también prefiero Lama, con sus campos, su gente, su lago y todo, pero siempre es bueno salir de la rutina ¿no? Dicen que en Yule preparan un cabad delicioso -el cabad era un popular trago hecho de pera.
Dam y Zimra sonrieron al darse cuenta de que una anciana que pasaba cerca de ellos los miraba con espanto.
-¿No puedes con tu genio, no? -bromeó Dam.
-Oye, oye -dijo Zimra con los ojos brillando- ¿no tienes algo en tu casa?
-Pues no, -respondió Dam-. Mi papá se lo tomo hace unos días con unos amigos.
-Tengo algo de dinero, solo unos cuantos jams -dijo Zimra-, nos alcanza para una jarra, hay un bar a un par de cuadras, ¿vamos?
-Bueno -respondió Dam-, pero tú pagas.
Ambos se pararon y caminaron un par de cuadras mas allá de la plaza, entre la multitud. Luego de un par de minutos llegaron a una casa que tenia un letrero de madera sobre la puerta abierta:”Bar Voronn”.
-Me han dicho que la hija de los dueños de este bar es muy simpática -comentó Zimra mientras entraban; había mucha gente aquel día, estaba casi lleno.
En una esquina del local, que era amplio, un gran grupo de jóvenes, chicos y chicas tenían varias jarras de cabad.
Dam y Zimra se sentaron muy cerca de ellos pues solo esa mesa quedaba libre.
-Esos son calbens -dijo Zimra mirando discretamente al grupo de jóvenes, eran un poco más de treinta, dispersos en varias mesas en ese lado del bar-. Hay que tener cuidado de no meternos con ellos.
Los calbens vivían en la afueras de Lama Capital, en el distrito de Calb, el cual era solo habitado por ellos. En realidad habían muchos mas calbens de los que ese dia estaban en el bar, al parecer se habían dispersado un poco. Era fácil reconocerlos pues todos tenían el mismo estilo de vestir: los varones usaban un pantalón rojo ancho y el torso solo era cubierto por un pequeño chaleco negro. Las mujeres llevaban un vestido rojo muy pequeño que les dejaba los hombros al descubierto y les llegaba más arriba de las rodillas, así mismo largos guantes y botas negras.
-Bueno, como te decía -dijo Dam después de ordenar una jarra de cabad-. No me gustaría dejar a mis padres solos acá en Lama. Mi padre quiere que sea caballero de la Guardia Real del reino, ya sabes que tiene amistad con los caballeros que van a la herrería.
-A mí no me gustaría ser caballero -dijo Zimra mientras servia dos vasos de cabad-. Pero no salgamos del tema… ¿viajamos a Yule? El viaje es largo pero valdrá la pena, podemos alquilar una carreta con queras.
-Sí, seria interesante -comentó Dam-.Pero hay que juntar dinero y organizar bien todo.
-Déjame averiguar bien -respondió Zimra alzando su copa. Ambos brindaron.
En ese instante un tumulto de voces llamó la atención de ambos y vieron que los calbens estaban algo alborotados.
Al otro extremo del bar, al lado de una puerta junto a la barra, una joven se acercaba. Vestía una falda ancha al igual que su blusa. Era blanca y muy bella, sobre su cabello tenia una pañoleta a modo de velo suelto que ocultaba gran parte de su castaño cabello corto.
Despacio se acercó a los calbens y antes que llegara un calben alto y atlético, que llevaba una cinta a modo de vincha en la frente sobre su cabellera negra y despeinada, se acercó a ella. Dam y Zimra observaban la escena atentamente.
-Hola, ¿Cómo estas Eriol? -dijo el calben tratando de peinar su melena con las manos.
-Que gusto verte de nuevo, Thang -respondió con una sonrisa Eriol, la chica.
-Quería verte Eri -dijo Thang, el calben- ¿Cómo va el negocio?
-Ha venido mucha gente –respondió Eriol-. Mis padres han salido y hoy yo me encargo del bar.
En ese instante otro de los calbens, un poco mas bajo que Thang, se acercó a ella y le tomó la mano.
-Thang no es el único que quería verte -dijo.
Thang miró a los ojos al otro calben con repulsión y rabia.
-Anda siéntate, Findor -dijo altivo-, Eri no quiere hablar contigo.
-¿Quién lo dice? -preguntó Findor en tono desafiante-¿Tú?
-Sí, yo -respondió Thang-. Yo que soy el líder de los calbens y por ende tu líder-dicho esto empujó a un lado a Findor y tomo del brazo a Eriol, que estaba algo confundida.
-Un simple título -dijo Findor sonriendo-, pero déjame decirte que yo no voté por que tu fueras el líder, por eso para mí tu no eres el jefe de los calbens.
Ambos iban alzando la voz cada vez más y empezaron a discutir sobre asuntos calbens. Eriol seguía junto a Thang mirando nerviosa. Dam y Zimra observaban fijamente y notaron que poco a poco la gente del bar iba formando un círculo alrededor de los calbens. Unos quince de estos se pusieron al lado de Thang y otro numero junto a Findor.
-Creo que estoy mas apto que tú para liderar a los calbens, Thang -dijo Findor cada vez mas insolente, la discusión se iba complicando.
Thang miró fijamente a Findor.
-Muy bien, muy bien -dijo en tono calmado-, arreglemos esto como calbens que somos… con una pelea entre tú y yo.
Findor miró vacilante y titubeó un poco. Thang lo miraba intimidante.
-Un momento -dijo Eriol algo asustada-, por favor no se peleen.
-Eri, por favor, no intervengas -dijo Thang y cortésmente la puso a un lado- ¡Acá también se demostrará quien dejará en paz a Eriol! El que pierda nunca más volverá por este bar.
Dam y Zimra miraban fijamente lo que ocurría.
-Acá se va a armar algo fuerte -dijo este último excitado.
-Mejor vámonos Zimra -dijo Dam-, no hay que meternos en problemas.
-No te preocupes -respondió Zimra-. Los calbens arreglan sus asuntos entre ellos mismos. Veamos cómo acaba esto.
Dam por dentro sentía algo de temor al ver a todos esos calbens tan sofocados, nunca había estado en una pelea ni quería estarlo, no era de buscar problemas y tampoco los quería tener. Algo le decía que las cosas no iban a ir bien.
Thang se comenzó a sacar conejos cuando Findor se paró frente a él. Se miraron a los ojos con furia. Una calben de tez morena se paro entre ellos.
-Solo se permiten golpes limpios -dijo levantando el brazo-. Aquí se decide quién llevará la cinta de líder… ¡Ahora!-bajó el brazo con fuerza. La pelea había empezado.
Thang y Findor se pusieron en guardia y caminaban lentamente sin descuidar la mirada. Los calbens alentaban a su favorito con hurras y vivas y deploraban al otro con silbidos y burlas. En eso, Findor se lanzó contra Thang para darle un puñete, pero este se agachó y en una rápida maniobra le tiró un poderoso golpe en el estomago que hizo que Findor abriera los ojos de manera horrible; y en seguida lo tumbó al suelo con una barrida.
Findor cayó estrepitosamente y Thang se arrodilló sobre él para darle un puñete en la cara, pero el cobarde comenzó a suplicar.
-¡Piedad! ¡Piedad! -clamó- ¡Por favor! ¡Tú eres mi jefe!
Thang se paró. Todos estaban boquiabiertos por la destreza y la fuerza demostrada por el líder calben.
-Qué asco me das -dijo mirando a Findor retorciéndose de dolor como un gusano en el suelo-. No sé que demonios haces con nosotros. Párate y lárgate de aquí -Thang volteó la cabeza-, los demás, síganme, suficiente por hoy.
Los que estaban de su lado lo siguieron. Findor se quedó en el piso, mirándolo con odio.
Dam estaba atónito por tamaño liderazgo demostrado por Thang, pensó que era líder en todos ambos aspectos, físico y mental.
Thang se acercó a Eriol y apoyó las manos sobre sus hombros.
-Discúlpame si no te gustan las peleas, Eri -le dijo dulcemente- pero tenía que hacerlo.
De pronto, Thang sintió un fuerte golpe en la nuca y cayó inconsciente al piso. Findor lo había traicionado y lo atacó por la espalda con una jarra.
Los calbens miraron estupefactos la escena y se quedaron inmóviles. Eriol soltó un grito de angustia y la ira estalló: los calbens de Thang y los de Findor se lanzaron unos contra otros en una feroz lucha pandillera. Dam y Zimra retrocedieron asustados.
Patadas y puñetes iban y venían. Las demás personas se exaltaron, las mujeres comenzaron a gritar, volaban sillas, bancos y mesas golpeando calbens de aquí a allá. Botellas y jarras se estrellaban en las paredes reventando y varias encontraban blancos calbens dejándolos heridos y sangrando.
Thang seguía en el suelo inconsciente y Eriol trataba de hacerlo reaccionar entre sollozos; la cabeza del líder sangraba. Los gritos de los calbens se confundían entre si.
Dam y Zimra esquivaron un par de botellas que se estrellaron contra la pared.
Desesperada, Eriol tomó del chaleco a Thang y los llevó a rastras, pasando entre la sangrienta lucha, recibiendo empujones y tropezando y se dio cuanta de que los que lanzaban botellas, sillas y otros objetos eran los aliados de Findor. Llegó hasta un extremo del bar, junto al lado de Dam y Zimra.
-¡Dam! ¡Tenemos que salir de aquí, esto esta muy peligroso! –dijo este ultimo, desesperado, gritando para que Dam lo oiga.
Zimra echó a correr entre la multitud que buscaba la salida; y cuando Dam se disponía a hacerlo una mano sujetó su brazo.
Era Eriol.
-Por favor, ayúdame –suplicó ella llorando.
Dam no sabía que responder. Miraba a Eriol y hacia la salida desesperado, quería huir pero la veía y se quedaba inmóvil. Thang seguía sangrando.
-Por favor, te lo ruego –gimió ella y apretó el brazo de Dam. Este miraba con pánico a su alrededor.
-Te lo ruego –repitió Eriol mientras las lágrimas inundaban su rostro.
Dam liberó una tensa lucha en su interior y al fin, se dio cuenta de que lo único que podía hacer era ayudar a Eriol. Su nerviosismo era tal que solo asintió con la cabeza.
-Solo espérame unos segundos –dijo la muchacha angustiada-, no dejes que lo toquen, ya vuelvo, tengo que traer algo para curarlo –dicho esto se paró y corrió hacia la puerta que estaba al lado de la barra, dejando a Thang a su cuidado.
Dam miraba al borde de la locura a todos lados, veía a tantos jóvenes como él luchando, golpeándose entre si, era tan ruda la pelea que sintió miedo. Miró a Thang y vio que no paraba de sangrar. Una botella le paso rozando la oreja.
En esos momentos, un ruido llamó la atención de todos en el bar. Los calbens se quedaron inmóviles, parecía que una estampida se acercaba por las calles. Miles de cascos golpeaban el piso.
-¡Queras! –gritó un calben que tenia el brazo herido- ¡Son los caballeros de la Guardia Real! ¡Huyamos! ¡Rápido!
Dam alzó la mirada desesperado y vio que los calbens enloquecidos trataban de salir del bar. No sabia que hacer.
Se agachó.
-¡Despierta! –gritó a un inconsciente Thang- ¡Vamos! ¡No te puedo dejar acá!
Los calbens empezaron a salir. Sin embargo algunos retrocedieron entrando al bar de nuevo. Contra ellos, haciéndolos regresar, ingresó un gran número de caballeros con armadura, espada y capa: los Caballeros de la Guardia Real de Lama.
-¡Ríndanse! –gritaban con furia- ¡Están arrestados! ¡Todos! ¡No se resistan!
Los calbens se rendían al ver las espadas; algunos intentaban luchar pero eran reducidos rápidamente. Los caballeros sacaron esposas y empezaron a capturar a los pandilleros.
Dam estaba inmóvil, temblando con Thang a sus pies y vio que no solo los calbens eran apresados, sino a toda persona que estaba dentro del lugar de la pelea.
Uno de los caballeros, rubio, alto y con rostro severo se acercó y se detuvo cuando tuvo a Dam y Thang frente a frente. Les hizo una seña.
-Ambos están arrestados, delincuentes –dijo mientras tomaba a Dam del brazo. Este estaba inmóvil, trataba de hablar pero no le salían las palabras. El caballero lo esposó.
-Yo llevaré al herido, tú camina hacia la salida, vamos –dijo mientras cargaba a Thang y lo ponía sobre sus hombros- ¡Vamos, camina! –exclamó al ver que Dam no hacia nada. Sacó su espada y lo apunto con ella- ¡Calbens, puñado de delincuentes! ¡Avanza!
-Y-yo n-no…–tartamudeó Dam saliendo de su mutismo-, se-señor yo no he hecho na-na-nada…
-Eso no me lo tienes que explicar a mí –respondió duramente el caballero-, lo responderás cuando estés frente al juzgado del castillo del Rey Urwen. Ahora iras conmigo.
Dam lo miró impotente, temblando. El caballero sacó las esposas y apresó su propio brazo y luego el de Dam, luego, a la fuerza, lo hizo avanzar y salieron del bar.
Dam miro entre la multitud de vecinos que se conglomeraban alrededor del bar, Zimra no estaba en ningún lado.
Varios calbens esposados eran subidos a jaulas que eran arrastradas por las queras. Dam y Thang fueron encerrados en una y el caballero montó en la bestia y partió junto con los demás miembros de la Guardia hacia las mazmorras del castillo de Lama, llevando a los arrestados.
-No puede ser… no puede ser… -se repetía Dam al borde de la locura-, esto no puede ser…
Mientras se alejaba miró al bar por ultima vez y vio que Eriol corría desesperada tras las queras con unas medicinas en las manos, impotente, mientras era dejada atrás, en medio de la calle, aquella noche del festival en el reino de Lama.

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